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CONFLICTOS EN LA PAREJA, ANTE LA MUERTE DE UN HIJO PDF Imprimir
Escrito por Noemi Montemagno   

La muerte de un hijo es considerado en la mayoría de las culturas un hecho antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, por lo tanto racional y emocionalmente inadmisible. Por eso es natural que la mayoría de los padres vivan este acontecimiento como la pérdida de una parte central de si mismos y como la destrucción de las perspectivas y esperanzas de futuro.

Este hecho es un acontecimiento devastador para cualquier persona y además trae aparejado la posibilidad de conflictos en una pareja. Es común que esto pase y las razones son muy variadas y complejas.

 

El dolor no se vive ni se expresa de la misma manera, es común creer que la pareja no siente el dolor de manera suficiente o por el contrario que está exagerando el sentimiento.

Por lo general, el hombre aplica la lógica, piensa que hacer, ve la situación en forma global, mientras que la mujer se vuelve cada vez más sensible, usa más la intuición que el razonamiento, analiza minuciosamente cada detalle de la realidad.

También puede ocurrir  que en un primer momento y en el curso de su desarrollo el dolor de la pérdida vaya anestesiando los sentimientos por los seres queridos o lleve a un aislamiento sobre la base de considerar que en ese sufrimiento cada miembro de la pareja está solo, lo que no está del todo errado, ya que en la realidad cada dolor es único y se percibe solo en la mayor intimidad.

Sin embargo cada miembro de la pareja debe tener presente que cada uno de ellos es parte de la misma familia, con roles que se complementan y que cada uno de ellos lo más grande que tienen en común es “la pareja” “el sentimiento que los une” “los hijos” el que a muerto y los que quedan vivos. Y aún si no quedan otros hijos siempre se debe tener presente lo que representa ese hijo que ha muerto desde la óptica “del fruto del amor de la pareja”

No solo se vive el dolor de manera diferente, también se experimenta en momentos distintos. En un primer instante uno de la pareja tiende a ser el fuerte, el que protege, el que consuela, esto implica no darse permiso para expresar sus emociones con la misma intensidad que su pareja, esto implica atrasar su propio duelo, con el tiempo este miembro de la pareja puede comenzar a expresar el dolor como no lo hizo antes y esta falta de sincronización es una importante causal de conflicto porque cada miembro de la pareja está en un momento vivencial diferente.

Es normal que frente al dolor cada uno de los miembros de la pareja tienda a ocultar los sentimientos a veces por temor a agravar el estado emocional del otro, otras veces por una cuestión de mera reserva, privacidad o intimidad.

Sin embargo es sumamente útil no ocultar los sentimientos, tanto los buenos como los malos, la rabia, el llanto, la tristeza. Es importante que cada uno sepa lo que le está pasando al otro, sino nunca podrá comprenderlo. El dolor es común, por lo tanto forma parte de un espacio común de la convivencia.

 

Otro problema es el de los tiempos, es común que la pareja no tenga los mismos tiempos en las distintas etapas del duelo, y eso es lo normal. Puede ser que cuando uno de ellos se encuentre más golpeado el otro se encuentre en mejores condiciones y viceversa. También en lo que hace a la duración del proceso los tiempos suelen ser distintos.

Siempre hemos querido dominar el tiempo, representarlo con agujas o con números. Fijarnos tiempo para cada cosa de nuestra vida. Pero la muerte de un hijo nos demuestra que el tiempo no es nuestro, que es relativo en función de lo que sentimos o deseamos.

Nos parece que los días que tuvimos ese hijo con nosotros pasaron volando, y desde su partida es como que el tiempo no transcurre, que cada día es eterno. Por ello resulta fundamental desarrollar la paciencia porque la pregunta que todos nos hacemos es…cuanto habrá de durar este proceso de dolor…? Durará todo lo que deba de durar, ni más ni menos, sin horas … sin minutos … sin segundos.

Por ello la importancia de entender que el otro miembro de la pareja puede encontrarse en una etapa de dolor diferente y esa diferencia debe ser respetada y apoyada.

De ahí que parte del respeto es no juzgar ni interferir en los sentimientos del otro, ni en el desarrollo de sus etapas, sino respetarlas.

No existe un tiempo para dejar de llorar, no existe un tiempo para empezar a sonreír; solo existe un tiempo para el respeto, para la aceptación, para la comprensión y ese tiempo es eterno.

 

La aceptación del dolor también ayuda a valorizar y escuchar el dolor del otro.

Puede suceder que cada uno sienta que ese dolor no puede ser superado, que lo inhibe de cualquier otro pensamiento, que se superpone a los otros sentimientos. Sin embargo la rebelión contra el dolor de nada sirve.

Evidentemente se perdió lo mas importante de la vida de un ser humano, se perdió un ser que ha sido determinante para que cada uno se  transforme en lo que hoy es , no importa si uno o varios hijos hicieron padres a la pareja. Cada hijo aportó lo suyo para que los padres sean lo que son hoy. Por eso lo importante de darse cuenta que todo lo que ese hijo dio en su corta vida, no se lo llevó con el, lo dejó en poder de sus padres, dentro de ellos, y es algo que cada uno de los miembros de la pareja atesora para sí en lo más profundo de su corazón.

Lo ideal es prepararse juntos para para seguir viviendo sin ese hijo que ya no está, empezar a hacer juntos cosas dedicadas a ese hijo e inspiradas por el vínculo que cada uno tuvo con él. Transformar esa energía ligada al dolor en una acción.

Este es el principio de lo nuevo. Esto es la reconstrucción de lo vital, éste es el comienzo: visualizar un camino para transitar juntos que los lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para ambos, para los hijos que quedan y para los demás afectos que acompañan en el dolor.

 

Un párrafo aparte merece el hecho en que uno de los miembros de la pareja no es el padre biológico del hijo fallecido

 

 En las últimas décadas la familia se ha diversificado y es muy frecuente el caso de hijos que viven con su madre y con un padre que no es el biológico. ( a veces –aunque menos-se puede dar a la inversa.

En estos casos la pérdida de un hijo afecta en forma diferente al padre biológico y al que no lo es.

Es muy común que la madre o el padre biológico sienta una mayor soledad ante la pérdida, y que su dolor lo haga manejarse dentro de la relación de un modo absolutamente individual, es común sentir incomprensión, enojo, rabia …ya que el otro no sabe lo que es haber perdido un hijo porque considera que el no perdió un hijo, más aún si ese papá o mamá “del corazón” como decimos en Renacer tiene hijos biológicos de una relación anterior y estos sentimientos ocasionan una sensación de abandono, de no ser tenido en cuenta, de que su cariño por quien ha muerto no es valorado en su justa medida y en el caso de participar junto a su pareja en algún grupo de ayuda o proceso terapéutico en función del duelo, sentir que no se le otorga o no le corresponde el derecho a manifestar sus sentimientos.   

De ahí la importancia de mantener desde el comienzo un diálogo que permita sincerar los sentimientos, las fantasías y los miedos de cada uno que no son iguales al caso en que ambos padres son biológicos. Quizá sea necesario en este caso cultivar más la paciencia en el papá del corazón y digo más porque sin duda debe estar aportando mucha paciencia en esta circunstancia, sintiéndose solidario con su pareja, compartiendo el duelo con ella con autenticidad y basado en el sincero cariño que sentía por ese hijo que ya no está. Y fundamentalmente asumir con responsabilidad la función de contener y entender al otro aceptando con amor los cambios transitorios y comprensibles que puedan darse en su pareja. Entender además que este trágico suceso está poniendo a prueba la relación de pareja mucho más que si ambos fueran padres biológicos por lo tanto se necesitará más solidaridad  para afianzarla.

Cultivar el afecto y el amor puede ser una bálsamo que disminuye el dolor para que esa mamá o papá bilógico que cree estar sufriendo en soledad sienta que su pareja está y estará siempre a su lado conteniendo, sosteniendo con un abrazo, un roce o una caricia que dan más alivio que mil palabras. Estar en contacto físico es estar cada vez más cerca, y estar mas cerca es estar más juntos.

 

CUENTO . . .

 

Por eso nunca hacer el duelo de a dos, en pareja, va a ser peor que hacerlo solo

 
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