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REFLEXIONES PARA FAMILIARES Y AMIGOS QUE ACOMPAŅAN EN EL DUELO PDF Imprimir
Escrito por Noemi Montemagno   

Que es ayudar en un duelo?... Partiendo del hecho de que todos  somos diferentes, cada persona vive su duelo de distinta manera por lo tanto la ayuda que se le puede brindar a quien ha perdido a un ser querido es diferente de persona a persona. La mejor ayuda y que necesita el doliente es el acompañamiento, el silencio, el saber escuchar, el estar.

 

Muchas veces las maneras de tratar a la persona en duelo impuesta por la sociedad suelen ver verdaderas molestias para el doliente. Frases hechas como “fue la voluntad de Dios” “ya no sufre” “lo vas a superar pronto” “tenés que pensar en los que quedan” resultan fuera de lugar y totalmente inconvenientes.   

Estar al lado del que ha sufrido una pérdida ayuda a llevar esa pesada carga de dolor y angustia y permite al doliente recorrer el difícil camino de la recuperación en forma más liviana. Como siempre decimos en Renacer –dolor compartido es dolor diluido- Escuchar, acompañar, preguntar (sin morbosidad) son acciones que ayudan en este proceso que es inevitable transitar para seguir viviendo.

 

Por supuesto que nadie está obligado a permanecer junto a una persona que está llorando una pérdida. La idea de hoy es sugerir –desde nuestro lugar- algunas acciones para que la ayuda de los que están decididos a permanecer junto al doliente sea más eficaz.

 

1.    Es importante empezar por saber que el duelo no es una enfermedad en si mismo, aunque sabemos que pérdida de un ser querido puede ocasionar: trastornos en el sueño, en la alimentación, dolores de cabeza o de alguna otra parte del cuerpo, pseudoalucinaciones auditivas o visuales, estados depresivos, etc. Por eso  nunca debe tratarse al que sufre como una persona enferma.

 

2.    También es importante preguntarse si lo que realmente se quiere es ayudar a la persona a salir de su tristeza por ella misma o si lo que se quiere es ayudarla a salir porque no se soporta verla triste. Esto es importante tenerlo claro porque si se enfoca toda la atención en el que sufre y no en uno mismo las herramientas para ayudar no son las mismas. Ayudarse a si mismo no es igual que ayudar al otro.

 

3.    Es bueno recordarle al doliente que tiene  otras cosas en la vida más allá de ese ser que partió pero nunca forzar una actuación y menos desde la culpa. Porque a veces se dice: tenés que salir por tu pareja, por los hijos que quedaron, por fulano, por mengano, y eso no es ayuda. Ayuda es llamar la atención al que sufre para que se ocupe de si mismo, ayudarlo a relacionarse con el mundo desde un lugar diferente ya que nada es igual, todo ha cambiado; ayudarlo es hacerlo entrar en algún momento a la nueva realidad: vivir sin ese ser que ya no está físicamente con nosotros. Si  bien la mejor herramienta para esta ayuda es el amor siempre mejor es el acompañamiento, la presencia, la comprensión. No actuar ni decir cosas que salgan de la cabeza sino del corazón.

 

4.    Muchas veces se cree  que ayudar a alguien que sufre es distraerlo de su dolor, es erróneo pensar que dejarlo llorar es añadir más dolor al dolor. Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia o el miedo frente a la muerte de un ser querido es el mejor camino que existe para que empiece el proceso de sanar la herida. Es mediante la expresión de los sentimientos que una persona en duelo se puede sentir aliviada.

 

5.    Es bueno hablar de la persona fallecida y no tener temor a que el doliente se emocione, al contrario, si es así vale llorar o emocionarse con su llanto ya que no tiene nada de malo en mostrar  que también se está afectado por la pérdida, que duele ver a un amigo o familiar en esa situación. Lo que más necesita ese ser que está sufriendo es una oreja que lo escuche, un espacio para sentirse débil, un hombro para llorar. Esta es quizás la premisa más importante para recorrer ese camino de dolor con un ser querido. NO INTERRUMPIR NUNCA SU EXPRESION DE DOLOR. Mucha gente corta intencionalmente las expresiones emocionales del otro con la supuesta intención de protegerlo del sufrimiento sin darse cuenta que la verdadera intención es protegerse a si mismo de sus propias emociones dolorosas. Permitir a los que sufren la pérdida hablar de ese ser que ya no esta y participar con naturalidad de la conversación resulta imprescindible  Hemos escuchado en nuestro grupo a papás que comentan que hay parientes y amigos rehúyen hablar o pronunciar el nombre de su hijo, que desvían la conversación hacia cualquier otro tema y que eso los hace sentir *como que la muerte de un hijo es contagiosa  *que pretenden hacerlos olvidar de ese hijo * que no lloren más.

 

Hay que animarse a compartir con los amigos los recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, videos, contar anécdotas…)Recordar a la persona amada es un consuelo para los que sufren su partida. Repetir y evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer para sanar su herida.

 

1.    Aceptar el silencio si el doliente no tiene intenciones de hablar es mejor que una conversación sin sentido. Es bueno ser un buen oyente y aceptar las reacciones del otro sin contradecirlo, si llora, si esta enojado, aceptando cualquier sentimiento que exprese, sin cambiar el tema, siendo tan comprensivo como sea posible. Es importante procurar el tiempo necesario para el duelo, el principio de este suele ser muy acompañado, pero de a poco, todos aquellos que prometieron acompañar han desertado. El contacto puede mantenerse de muchas maneras, una visita, un café, un paseo, una carta, un mail, o una llamada telefónica pueden recordarle al ser querido que no esta solo. Las fiestas y los aniversarios son momentos particularmente dolorosos y es muy importante estar cerca de la persona en duelo. Uno de los reclamos que silenciosamente suelen hacer quienes están elaborando un duelo es: “¿Dónde están ahora uno o dos años después todos lo que se ofrecieron acompañarme?” A veces esta pregunta surge mucho antes del primer año.

 

2.    Respetar los tiempos no pensar que por que pasó  un año, dos el duelo tiene que estar resuelto. El tiempo cronológico no tiene importancia. Decir que “todo es cuestión de tiempo” es un mito que afecta el desarrollo del duelo, ya que da a entender que todo mejorará con el transcurso del tiempo, y no es así, al contrario. Al principio transcurren los días y el sufrimiento empeora. El dolor debe llegar a la cima de la impotencia, la rabia, el enojo, para luego empezar a calmar. Pero este proceso es diferente en todas la personas, no solo va a depender de ella misma sino también de la característica de la pérdida, de los afectos que también sufren la pérdida, de la situación socioeconómica, de las dificultades que surgen a partir de esa ausencia y que a pesar del dolor hay que resolver, del apoyo social, del grado de religiosidad etc. De manera que no es el paso del tiempo el que cura, lo importante es saber que se hace con el tiempo y como se invierte en el proceso de duelo.

 

 

Por eso y sintetizando estas reflexiones, la mejor ayuda que se le puede dar al doliente es estar siempre presente, respetar sus silencios, evitar las frases trilladas, ser uno mismo actuando con lo que indica el corazón, colaborar en las cosas de todos los días, estimular a otros amigos a que hagan lo mismo, no decirle si lo ves bien o mal, tratarlo como una persona sana y normal y estar atento … Vigilar el progreso del duelo. Porque digo esto?...

Hay veces que la persona se encuentra transitando un duelo complejo o anormal, que no le permite recibir la ayuda de los familiares y amigos, que no puede escuchar a quien lo quiere ayuda, que no quiere salir de ese lugar de dolor.

En estos casos quizá sea necesario acompañarlo a pedir ayuda terapéutica ya que a veces aunque parezca una paradoja el doliente “necesita ayuda para poder recibir ayuda”  

 

Por todo esto la ayuda efectiva es algo más que seguir unas cuantas reglas, a veces ayudar en un duelo es dar mucho más de lo que un imagina, es un compromiso, es un esfuerzo que va a dar la satisfacción de haber sido verdadera y profundamente útil.

 
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