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Esencia y Fundamentos de RENACER PDF Imprimir
Escrito por Noemi Montemagno   

El 5 de Diciembre de este año se cumplirán 14 años del nacimiento de Renacer en Argentina, en la ciudad de Río Cuarto. Desde ese instante ( hoy es el 25 de Noviembre de 2002) este grupo se ha extendido a 7 países en nuestro continente y recientemente ha cruzado el océano Atlántico para comenzar en Barcelona y otras ciudades de España y desde hace algunas semanas en Sydney, Australia. Esto implica un crecimiento vertiginoso y, ciertamente, mayor a cuanto podía no ya pensarse, sino siquiera soñarse.

De este crecimiento hemos sido responsables todos nosotros, en mayor o menor medida, debido, fundamentalmente, a la actitud con la que  hemos afrontado un destino adverso, demostrando así a nuestras familias, a nuestros amigos, a nosotros mismos y a la sociedad entera que es posible sufrir con dignidad y, a partir de Renacer, levantarnos por sobre nuestro dolor para ayudar a un hermano que sufre. Renacer ha crecido de esta manera tan explosiva, no por la difusión periodística que cada uno haya podido darle, tampoco por un azar del destino o una circunstancia fortuita, sino que lo ha hecho por tener un mensaje tan poderoso que ha roto barreras sociales, culturales y geográficas. Mensaje del cual todos nosotros, aun sin darnos cuenta, hemos sido y somos portadores, pero que al mismo tiempo, y por el hecho de ser portadores de ese mensaje que nuestros hijos nos han dejado, nos añade una responsabilidad extra en nuestras vidas, cual es la de llevarlo con dignidad y honestidad.

Este mensaje no es, a su vez, un mensaje común. En él está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, esa memoria colectiva que los padres que hemos perdido hijos estamos ayudando a formar. Memoria que, a diferencia de muchas otras, no es de dolor, frustración o memoria en “contra de”, sino que es memoria de amor, memoria que se construye y se levanta a favor de la vida, dando cuenta así de lo más noble del ser humano: su dimensión espiritual —Goethe decía: la vida es amor, la vida de la vida es espíritu—, pero además, en este mensaje está implícita la esencia de Renacer, es decir aquello que hace que Renacer sea como es y sin lo cual no podría ser Renacer. Y es específicamente a este aspecto al que queremos dirigirnos hoy.

Esto es de particular importancia dado el crecimiento vertiginoso de nuestra tarea, al que ya nos hemos referido. Para darse una idea cabal de esto basta decir que el primer grupo de ayuda mutua que se formó en occidente es el de alcohólicos anónimos, que nació en USA en 1934 y tardó más de 25 años para cubrir ese país y Renacer en 14 años ha cubierto 9 países en 3 continentes. Pero este crecimiento tan rápido, al mismo tiempo que es motivo de alegría, debe serlo también de preocupación por la posibilidad de un crecimiento anárquico, tanto en sus fundamentos filosófico-antropológicos, como en la metodología a la que puede llevar una autogestión de cada grupo mal entendida. Esta es una posibilidad mayor en los grupos que son comparativamente más jóvenes y en aquellos que no participan de  los encuentros latinoamericanos y de las distintas jornadas de capacitación en las que se vuelcan la continua capacitación así como el enriquecimiento aportado por distintos grupos al mensaje de Renacer. Esta anarquía puede producir  problemas, tanto internos como externos. Pero también debemos saber que el mejor antídoto para todo tipo de dificultades es un conocimiento preciso de la esencia de Renacer, así como un discurrir en esta familia con honestidad conceptual.

En junio de 1997 escribíamos en la revista de Renacer que, desde el momento de su creación hemos trabajado, y debemos seguir haciéndolo, con aquello que es universal a nosotros, lo que es esencial a todos los padres que pierden hijos y esto es el sufrimiento que esa pérdida nos ocasiona y no las emociones o sentimientos que ese sufrimiento produce. Hemos puesto tanto énfasis en trabajar con aquello que es común a todos porque es precisamente la esencia, lo universal, lo que hay de común en las particularidades, lo que representa la unidad de la especie. Si trasladamos ahora esto a Renacer vemos que lo universal en las particularidades que somos cada uno de nosotros, con emociones y sentimientos tan personales y por ende disímiles, es el sufrimiento y que este universal representa, a su vez, la unidad de los grupos. Este universal es imperecedero, el sufrimiento siempre será sufrimiento —y lo que cada uno decida hacer con él—, mientras que las emociones y sentimientos son siempre perecederas y cambiantes, con el agregado que un sentimiento sólo puede ser reemplazado por otro sentimiento, y aquí vemos, implícito, un aspecto de fundamental importancia en el mensaje de Renacer: por amor a nuestros hijos, los que partieron y los que aún quedan, debemos reemplazar el sentimiento de dolor por un sentimiento de amor, y por que, como seres humanos que somos, podemos hacerlo, se transforma entonces y en nombre de ese mismo amor en un imperativo ético, como veremos más adelante.

Esta especie de introducción nos ha de abrir el camino para considerar los aspectos  esenciales de Renacer a continuación:

 
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